Sobre el voluntariado en el oficio de contar

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Durante la temporada del libro, este año, he conocido gente nueva del mundo del cuento, que vivían cerquita y que, por unas causas u otras, no me había topado antes. También conocí a lindas criaturas con deseo de iniciarse en el oficio, que dedicaban sus horas a colaborar en proyectos varios con la esperanza de ser contratadas algún día, o que contaban cuentos por el simple deseo de hacerlo. Una pregunta surgió varias veces ¿Es correcto ejercer gratis un oficio por el que otros reciben una remuneración?  Y yo pienso que la respuesta, como casi todo, es “depende”.

Entiendo que alguien piense que es buena idea empezar de voluntario, a ver si con suerte se acuerdan de ti cuando tengan presupuesto para contratar, pero lo mas probable es que te llamen cuando necesiten voluntarios, y llamarán a un profesional cuando tengan dinero para contratar a un profesional. En el oficio del arte, la mejor garantía de que cuenten contigo es que tu trabajo sea de calidad. Si no destacas por tu oficio y tratas de compensarlo trabajando gratis, tendrás que seguir haciéndolo para que te sigan llamando, y no creo que esa sea tu idea. Sin embargo, necesitas practicar, porque la práctica hace al maestro, no sé muy bien cómo, supongo que las prácticas primero se enrollan, luego una práctica pone una semillita en el cuerpo de la otra, y así nacen los maestros. Entonces ¿Cómo practicar si no me llaman? A ver, nadie ha dicho que no hagas voluntariado, solo que elijas bien dónde lo haces. Si sabes que la biblioteca de tu barrio está olvidada de la mano de Dios y jamás recibirá presupuesto, que tú colabores con ellos no solo te sirve a ti sino que ayuda a revitalizar tu comunidad, lo mismo si acudes a una asociación o a la librería de tu vecino, pero si observas que en esos lugares a veces contratan a profesionales, y solo te usan para rellenar los huecos, estás haciendo el primo.

Tampoco demonicemos a las administraciones, pues la mayoría de los gestores culturales solo tratan de conseguir el máximo de actividades con el débil presupuesto que reciben, y si vienen voluntarios, además, se establecen lazos entre los vecinos y la biblioteca, lo que es una de las funciones cruciales de las bibliotecas y comunidades educativas. Así pues, ¿cómo solucionarlo? Chico, de la misma forma; con una respuesta equilibrada a la demanda. Si nos viene gente a colaborar a la biblioteca ¡Bienvenidos sean!, pero si nos percatamos de que el estamento superior se aprovecha de ello para desviar el presupuesto a otras áreas, algo estamos haciendo mal. El voluntariado en cultura, como yo lo veo, debe ser un fin en sí mismo, un medio de implicar a la sociedad en su propio desarrollo, y no una manera de cubrir los vacíos del sistema público. En Madrid, por ejemplo, ya se propuso sustituir a los bibliotecarios por voluntariado, y no me extrañaría que se intente en otras comunidades. En resumen, pienso que cuidarnos es responsabilidad de todas y de todos, y en el arte de narrar, así como en la vida, hay que ser un poco críticos, tomar decisiones de acuerdo al mundo que queramos construir y no seguir la línea del pan para hoy y hambre para mañana. Aunque, trabajando gratis, ni siquiera hay pan para hoy, así que ni con esas.

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