Dos docenas de huevos

Jo, cómo me gustaría aprender a poner huevos.
Si me preguntaras ¿Qué quieres hacer ahora con tu vida? te daría la respuesta en un santiamén: Rellenar un cartón de huevos. Con dos docenas me basta. Solo deseo sentarme cada quince días, estremecerme y ¡Hala! depositarlo en un mullido montón de paja.
Lo cierto es que para ovar en condiciones hacen falta dos, y unas semanas atrás le pedí a Patri si quería ayudarme en la incipiente puesta. ¿Te he dicho que Patricia Gutiérrez es una de mis personas preferidas? Lo es porque sabe comerse el tiempo con las manos, y cuando ríe abre tanto los ojos que la gente se cae dentro, y ahí se quedan, tan a gusto, porque de los ojos de Patri nadie quiere regresar.
Para mi sorpresa, me dijo que sí, que eso de poner huevos no lo había hecho antes pero no sería un problema porque ella nunca suele hacer nada antes de hacerlo. Así que no hay vuelta atrás ¡El pacto está sellado! Cada dos semanas desde hoy, Patricia Gutiérrez y servidor pondremos un huevo, y exactamente en un año, cuando hayamos completado el cartón, veremos qué hacer con ellos. A mí me gustaría juntarlos en un libro. La Patri, que es leonesa, propone una tortilla.

 

El primer huevo se llama…

¿Me das un beso?

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¿Me das un beso?
¿Qué beso quieres?
No lo sé, respondí, no puedo saber qué besos tienes.
Pues mira, tengo un beso vanidoso que solo te doy si me dices que soy bonita.
Tengo un beso comprensivo, para cuando dices tonterías,
Besos menudos que dejo con prisa cuando estoy a punto de salir,
o besos robados para cuando estás tan concentrado que no quieres que te besen.
También tengo un beso redentor para dártelo cuando hacemos las paces,
y otro beso gamberro, que cuando estoy a punto de darlo, me lo quedo.
Interesante muestrario, afirmé ¿tienes por casualidad un beso que no se acabe nunca?
No, pero puedo darte besos infinitos.
Eso me sirve, respondí, y me dejé besar.

Texto: Arturo Abad
Ilustración: Patricia Gutiérrez
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