Décimo Tercer Programa. El Claro del Bosque.

Dibujo

Estimado ser imaginario:

En un claro del bosque del pinar de la Alpujarra, cerca de Laroles, cuatro niños juegan al escondite. No son los primeros. Antes que ellos ya jugaban sus abuelos y antes los abuelos de sus abuelos, y probablemente ya se jugaba al escondite cuando llegaron los romanos. Se dice que no importa con qué juego se empiece la tarde porque siempre se acaba jugando al escondite, como si el claro fuera un río cuyas aguas mansas te llevaran, nadie sabe por qué, a varar siempre en la misma orilla. Los científicos culturales creen que ese fue el lugar de nacimiento del escondite y por eso es tan fuerte allí. Ocurre que los juegos nacen y, aunque se inclinan a viajar, nunca dejan de permanecer arraigados a su cuna original, que puede ser un lugar geográfico como es el caso de nuestro claro, o temporal, citando por ejemplo al primer beso de amor, que siempre prefiere aparecer en instantes tímidos y ocultos a las miradas, posiblemente después de una risa, o una revelación desconcertante.

 

El Trocito de Tiempo

La retahíla, según Ana Pelegrín, es la poesía lúdica, de escasos o múltiples elementos: el decir poético de los niños, de escasa y secreta comprensión lógica. La palabra acompaña al juego, convirtiéndose ella misma en juego, y es tratada como un juguete rítmico oral, dando paso a libres asociaciones fónicas. El ritmo es más importante que el significado. Un requisito suele ser la reverberación de la palabra. A los niños les fascinan los vocablos sin sentido. Te pongo un ejemplo:

Tin marín de dos pingüé
Cucaramaca de títere fue.

¿Ves?, es más importante el sonido que el significado de las palabras, y eso nos permite jugar con el absurdo para crear palabras supeditadas al ritmo. Volviendo a citar a Ana Pelegrin: “la palabra en su sonido proviene de la acentuación rítmica, en las retahílas de sorteo predomina el oxítono, la esdrújula, pero no es solo una medición y una acentuación silábica sino un modo de organizar el juego sobre un ritmo binario como el sístole y diástole del latido del corazón.

Las retahílas binarias pueden ser de diálogo, de movimiento y reiteración de verso y estribillo. Vamos a ver un ejemplo de esta última:

Cucú, cantaba la rana
Cucú, debajo del agua
Cucú, pasó un caballero
Cucú, vendiendo romero 

Otra, esta vez encadenada.

San Isidro Labrador
muerto lo llevan en un serón.
El serón era de paja.
Muerto lo llevan en una caja.
La caja era de pino.
Muerto lo llevan en un pepino.
El pepino era zocato.
Muerto lo llevan en un zapato.
El zapato estaba viejo.
Muerto lo llevan en un pellejo.
El pellejo era de aceite.
Muerto lo llevan por Almudeite.
Alumedite está cerrado.
Muerto lo llevan por los tejados.
Los tejados están ardiendo.
Muerto lo llevan por los infiernos.
Por allí vienen las monjas
que no pueden pasar por la orilla de la mar.

Fíjate cómo mantiene el ritmo de los latidos, sístole y diástole, sostenido por la repetición de un verso. San Isidro es un personaje al que se invoca pidiendo lluvia o buen tiempo, al igual que a San Marcos, o San Pedro, al que alguna vez vemos en las retahilas citado como Periquillo o Periquillo el Aguador en Andalucía:

Agua San Marcos, señor de los charcos

San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.

Periquillo en Aguador,
fue a la fuente y se ahogó.
Lo metieron en un serón,
el serón era de paja…

Otro estilo de retahílas muy común es de las enumeraciones, versos de contar:

A la una nací yo,
a las dos me bautizaron
a las tres me puse novia
a las cuatro me casaron
a las cinco tuve un hijo
a las seis se me murió
a las siete lo enterramos
a las ocho morí yo.

Campillo de Arenas, Jaén.

¿Te imaginas a dos niñas jugando a las palmas mientras entonan esta cancioncilla en un pasillo?. Te cagas.

 

El Minicuento:

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

 

Julio Cortazar. Rayuela.

 

 

SUBIR