Décimo Cuarto Programa: Contes de ma Mère l’Oy”e

Caperucita-Roja

Estimado ser imaginario:

Cuando un lobo te devora no te traga de un bocado. Jamás he visto ningún animal que haga eso a no ser que seas mucho más pequeño que él. No. Cuando un lobo te devora lo hace poco a poco, atacando al cuello si tienes suerte o alimentándose de ti mientras intentas, en vano, escapar. No entiendo por qué ocultamos esa información a los niños, por qué los protegemos de saber algo que ya saben. Hay algo dentro de nosotros que sabe lo que significa ser presa y cazador, algo primitivo que nos salvó la vida hace un millón de años, que nos hizo correr hacia adelante, o hacia atrás. ¿Qué prefieres, ser imaginario? ¿Cazar o ser cazado?

 

El Trocito de Tiempo

Hoy quiero hablarte de Caperucita Roja. Como sabes, se trata de un cuento popular recogido por Perrault y más tarde por los hermanos Grimm. Perrault la publica en 1967 en un libro de ocho relatos: “Les Histoires et contes du temps passé avec des moralités, ou Contes de ma Mère l’Oy”e (algo así como Cuentos de la Madre Oca: historias o cuentos del pasado) Charles Perrault (París 1628-1703)donde aparecen los referentes de nuestra literatura infantil: Barba Azul, El Gato con Botas, Cenicienta, Riquet el del Copete, Pulgarcito, La Bella Durmiente y Piel de Asno. Tenía el hombre 69 años por entonces.

Buscando un poco más he encontrado una versión más antigua, recogida en el libro La gran matanza de los gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa” de Robert Darnton (pag.15-16), editado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1987. Se dice que es la versión oral conocida más antigua de Caperucita.

En los cuentos campesinos franceses, según señala Robert Darnton, y que yo cito a través del blog literario http://algundiaenalgunaparte.com/, el final catastrófico para el protagonista no supone ningún tipo de sermón, moraleja o castigo por la mala conducta. El universo planteado por estos cuentos no está gobernado por ninguna moral tangible, la buena conducta no determina el éxito, ni la mala conducta el fracaso del protagonista. Caperucita no ha hecho nada para ser devorada por el lobo porque en los cuentos campesinos, a diferencia de los de Charles Perrault y de los hermanos Grimm, ella no desobedece a su madre, ni deja de leer las señales de un orden moral implícito que están escritas en el mundo que la rodea. Sencillamente camina hacia las quijadas de la muerte. Este es el carácter inescrutable, inexorable de la fatalidad que vuelve los cuentos tan conmovedores, y no el final feliz que con frecuencia adquirieron después del siglo XVIII. (Darnton, Robert. Op. cit; pág. 62.).

Voy a contarte el cuento para que juzgues por ti misma:

Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

– A la casa de mi abuela, le contestó.
– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
– El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

– Entra, hijita.
– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:
– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!
Después el lobo le dijo:
– Desvístete y métete en la cama conmigo.
– ¿Dónde pongo mi delantal?
– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:
– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.

Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
– Para calentarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
– Para poder cargar mejor la leña, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
– Para rascarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
– Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.”
© Robert Darnton. “La gran matanza de gatos y otros episodios de la historia de la cultura francesa”. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1987.


 

 

¿A que se te ha quedado el culo torcío?

La versión de Perrault añade la famosa caperuza roja, y se dice por ahí que no es más que un simbolismo de que a la muchacha le acaba de llegar el periodo y por tanto se ha convertido en mujer. La niña trae en la cesta una torta y un tarrito de mantequilla. El lobo se come a la abuela y después, disfrazado, pide a la niña que se meta en la cama con él. Ella obedece, y cuando están los dos acostados ¡Se la come!

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
-Es para abrazarte mejor, hija mía.

Observa que el cuento de Perrault mantiene el malvado final del cuento popular, pero añade un elemento moralizante. Es más, Perrault puede haber sido el primero o de los primeros en incluir moraleja a ese cuento. Caperucita roja se convierte en una advertencia sobre los hombres. Podemos verlo bien claro en la moraleja en verso de Perrault.

Aquí las dos moralejas del cuento de Perrault, en el original del frances:

Ce que l’on voit dans cet écrit,
Est moins un conte en l’air que la vérité même;
Tout est beau dans ce que l’on aime,
Tout ce qu’on aime a de l’esprit.

 Dans un objet où la Nature,
Aura mis de beaux traits, et la vive peinture
D’un teint où jamais l’Art ne saurait arriver,
Tous ces dons pourront moins pour rendre un cœur sensible,
Qu’un seul agrément invisible
Que l’Amour y fera trouver.

He encontrado estas dos traducciones

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.

La niña bonita,
la que no lo sea,
que a todas alcanza
esta moraleja,
mucho miedo, mucho,
al lobo le tenga,
que a veces es joven
de buena presencia,
de palabras dulces,
de grandes promesas,
tan pronto olvidadas
como fueron hechas.

 

 


Por último vamos a comentar la versión de los Grimm, que es la más parecida a la actual y que cada vez es más uniforme, menos rica en en elementos endémicos, por culpa de su difusión en el cine y televisión, que tiende a homogeneizarla. Jacobo Grimm era filólogo y folclorista, su hermano Guillermo era poeta. Por eso sus versiones de los cuentos tienen una atmósfera poética y un respeto por lo folklórico.

Citando el blog http://algundiaenalgunaparte.com/ “La intención de los hermanos Grimm no era divertir sino ofrecer una fuente académica a todos aquellos interesados en las tradiciones alemanas y proporcionar un punto de partida para las comparaciones con cuentos extranjeros, procurando ofrecer una documentación fiel a sus fuentes, aunque en la segunda edición trataron de mejorar los cuentos y adaptarlos en lo posible a la niñez, quizá obligados por las circunstancias económicas, pues el público infantil era mucho más lucrativo que el académico o intelectual.”

Algunos cambios:

  • La mantequilla de la cesta es cambiada por una botella de vino.
  • La madre introduce una recomendación a Caperucita antes de partir, promoviendo valores de enseñanza y disciplina, con una figura maternal más destacada.
  • El lobo se pone las ropas de la abuela después de devorarla (la desnudez desaparece) y se mete en la cama de ésta. Además Caperucita no se acuesta en la cama con el lobo. La historia deja de ser parábola sexual para transformarse en fábula familiar.
  • Se introduce la figura del leñador (en algunas versiones era el padre de caperucita), que saca a la niña y a la anciana de la barriga del lobo y la rellena de piedras, escena probablemente robada del cuento popular de los 7 cabritillos, que termina de la misma manera.

Aquí el final de los Grimm:

...Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas; allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto extraño.

– Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
– Para así, poder oírte mejor.
 – Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
– Para así, poder verte mejor.
– Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!
– Para así, poder cogerte mejor.
– Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes! 
– Para comerte mejor.

No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la pobre Caperucita Roja. Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de la casa, y pensó: “¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase algo”. Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.

.- Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! – dijo -; hace tiempo que te busco.

Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes, vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo:

– ¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!

Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración. Caperucita Roja trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer, se estrelló contra el suelo y se mató.
Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita Roja pensó: “Nunca más me apartaré del camino y adentraré en el bosque cuando mi madre me lo haya pedido.”


 

Para terminar te dejo una versión contemporánea del cuento de caperucita escrita por James Finn Garner. Gracias por ser, y estar, o for being, que es más corto y más inglés.

 

Caperucita Roja políticamente correcta.

“Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana. De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

  • Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

  • No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques. Respondió Caperucita:

  • Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial (en tu caso propia y globalmente válida) que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho. Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

  • Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

  • Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

  • ¡Oh! -repuso Caperucita. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo.

  • Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

  • Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

  • Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes! (relativamente hablando, claro está, y, a su modo, indudablemente atractiva).

  • Y… ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

  • Soy feliz de ser quien soy y lo que soy…Y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla. Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal. Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente…

  • ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita. El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

  • ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre.Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

© James Finn Garner: Cuentos infantiles políticamente correctos. CIRCE Ediciones, S.A. Barcelona.

 

 

 

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