Cuentos para contar de cerca

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Cuando hablé del libro de Cuentos que “Caben en un Bolsillo, donde se cuenta con cuerdas, con papel, con cartas… de Teresa Flores” y de “¡Más te vale Mastodonte!, una delicia de Micaela Chirif e Issa Watanabe”

Estimado ser imaginario:

Dicen que soplan vientos de cambio, y el viento está de acuerdo, aunque para él todo viento será siempre viento de cambio. El viento, dicen, es vasallo de Cronos, antiguo titán del tiempo, que lo usaba para erosionar los templos de los hombres y hacerlos cambiar, o caer, pues al tiempo no le gusta que las cosas perduren. Mas tarde, apareció un chaval con ganas de bronca que derrotó al gran Cronos y lo encerró en algún lugar oculto sin aire acondicionado. Desde entonces, con el titán del tiempo entre rejas, las construcciones de los hombres perduran siglo tras siglo sin nada que las perturbe, o las haga cambiar. O… puede que no, porque desde las profundidades del tártaro Cronos no deja de sonreír. Parece ser que todo sigue cambiando. Parece ser que las rejas de una celda no pueden detener al viento.

 

 

Los libros

Sí, astuta lectora, hoy no voy a hablarte de un libro sino de dos libros. Sé lo que estás pensando, este Arturo Abad ha decidido tirar la casa por la ventana, y podría parecer que sí, sin embargo, por más que lo he intentado, no es posible plegar la estructura sólida de una vivienda sobre si misma con la suficiente elasticidad para introducirse por una ventana de su propia fachada. El físico griego Ventanates probó a lanzar los ladrillos uno por uno, y obtuvo un notable éxito al hacer pasar por la ventana tres de las cuatro paredes de su casa. Una lástima no haber reparado en que la casa también tenía techo. Hubo que despegarlo con una espátula extremadamente precisa.

El primer libro del que voy a hablarte es “Cuentos que caben en un bolsillo” de Teresa Flores. Editado por MCEP bajo licencia copyleft. Hace tiempo te hablé de los cuentos de cuerdas recogidos por Anne Pellowski, y también te conté que había cuentos con lápices, con cartas, con monedas. Pues bien, Teresa Flores ha recopilado un centenar de estos cuentos que caben en un bolsillo y los ha reunido en esta obra magnífica que, estoy seguro, se convertirá en un imprescindible de los contadores de historias.

Eso sí, le he encontrado un fallo inadmisible, cita el cuento de Avioncitos de Papel, que alguna vez hemos contado en este blog, y se lo adjudica a Salvador Puche Estevan. Imperdonable, pobre Jairo Anibal Niño, y pobre niña fabricante de aviones de papel. Ese cuento es de Jairo Anibal niño, otro imprescindible de los narradores orales.

Cito la pagina 58, el poema “El rey de papel”, de María Luz Uribe, que se llevaría a cabo cortando hojas de periódico.

Solo pongo el principio, que es muy largo. :)
Una tarde de paseo
me tropecé con un rey
Magnífico y elegante
pero todo de papel
Haciéndome una gran venia,
este rey me encontré
me regaló su corona
que era toda de papel
me dijo: en esta jirafa
iremos a recorrer mi reino
y juntos nos fuimos
y todo era de papel…

El cuento continua, no dejes de leerlo. A mí me encanta.

El otro libro del que quiero hablarte se titula ¡Más te vale Mastodonte!, de Micaela Chirif e Issa Watanabe.
Seguro que ya sabes que se trata de un mastodonte. Un mastodonte viene a ser un mamuth pero un poco más pequeño, con piernas más cortas y bajas, con cabezas ligeramente aplanadas (una cabeza por mastodonte), y sin esa joroba de grasa tan característica de los primeros, vamos, un mastodonte es un elefante a lo bestia al que probablemente llamarías “señor” o, “lo que usted diga señoría”.

Los mastodontes son enormes y feroces. Lo sé porque yo tengo uno en mi casa.
y cada vez que le pido algo, él responde ¡No!
¡Tiende la cama, mastodonte!
¡No!
¡Prepara el desayuno, mastodonte!
¡No!
Ante tal desobediencia, el niño se enfada, le pega un par de gritos y el mastodonte, rebelde, comienza a gamberrear por toda la casa. ¡Qué esperabas!
ya sabemos como se las gastan los mastodontes, siempre están dando trabajo, pero mira tú, también se hacen querer.

El libro saca a relucir la contradicción de amor y ganas de ahorcar que anida en el corazón de toda madre y todo padre. Para mí es una metáfora perfecta de lo que significa criar a un niño, representado en la primitiva criatura, provocando a partes iguales hastío y ternura. La edición es una gozada, tiene casi el doble del tamaño de un libro normal y es perfecto para contarlo frente a un público numeroso o en casa cerquita de la almohada. La sencillez de la historia y los conceptos permite varias lecturas según la edad por lo que es apto para cualquier audiencia. Te recomendaría, amiga lectora, que no lo leas al contarlo, pues el texto es extremadamente breve, y se presta mejor a una narrativa improvisada adaptada a la edad y las particularidades de tu mastodonte.

La ilustración que encabeza el post pertenece al genial Mark Powell.

 

 

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